Los hemisferios cerebrales

       “En el curso de la evolución se han formado tres estructuras cerebrales anatómicas en los mamíferos superiores y en el hombre: el cerebro reptiliano, el límbico y el neocórtex, los cuales parecen corresponderse con los sistemas de la psique conocidos como inconsciente, subconsciente y consciente, cuyas diferencias son graduales. El cerebro reptiliano, heredado de los reptiles, controla en gran medida la conducta instintiva (sistema reflejo), un tipo de conducta automática y programada adecuada para sobrevivir. El límbico es un dispositivo más flexible, propio de los mamíferos, a partir del cual aparecieron los primeros estados afectivos, tan importantes en la toma de decisiones y para la supervivencia. Este se completa con el desarrollo del neocórtex, o “nuevo cerebro”, por el que el ser humano puede adaptarse a situaciones complejas con más facilidad. El neocórtex es un conjunto coherente derivado de los cerebros reptiliano y límbico, es decir, es un despliegue de las estructuras cerebrales primitivas que el hombre heredó de sus predecesores evolutivos. Está formado por dos hemisferios cerebrales, cuyas conexiones se encuentran cruzadas, es decir, el hemisferio derecho maneja la mitad izquierda del cuerpo, y viceversa. Con ayuda del cuerpo calloso, permiten realizar operaciones complejas, gracias a las cuales se puede resolver problemas de adaptación e interactuar con el entorno [...].
       Cada hemisferio procesa la información de forma diferente, y, por lo general, uno domina sobre el otro; mas esas diferencias lateralizadas no pueden ser consideradas como tajantes. Esta separación en los modos de procesar la información da lugar a diversas tipologías de la personalidad. En conjunto, las descripciones de los tipos de personalidad se encuadran dentro de las distinciones que muchos autores han establecido entre el pensamiento divergente y convergente, entre el pensamiento lateral y vertical, o entre el operador sintético y analítico. Mientras que en el derecho la información se procesa mediante el operador sintético, emocional e intuitivo (que el profesor de psiquiatría Eugene D’Aquili llamó “operador holístico”); en el izquierdo discurre por el acto categórico del operador analítico, lógico y racional (que D’Aquili denomina “operador binario”), que, en cierto modo, resulta al desarrollarse la experiencia, la cual tiende a rigidificarse hasta atrofiar el sentido de globalidad. El operador analítico parece disgregar el diálogo hemisférico, y el sintético parece integrar ambos hemisferios. Se establece así una duplicidad y, con ello, una alternativa entre dos modos en el funcionamiento cerebral que parecen opuestos si se atienden por separado, pero que en su tendencia más sistémica se comportan como complementarios, favoreciendo a la vez la oposición y la complementariedad. Ambas son disposiciones igualmente indispensables a la hora de diferenciar los elementos duales y al mismo tiempo presuponer su unidad, una dinámica por la que los hemisferios se complementan para formar un todo mayor. Las personas creativas deben poseer la capacidad de integrar bien estas dos formas opuestas de operar, el holístico y el binario, para poder crear. No en vano, la personalidad creativa presenta fluctuaciones entre una función y otra.
       La identificación de lo holístico y lo binario es la misma distinción entre la unión y la separación, lo dinámico u orgánico y lo mecánico o estático, o si se quiere entre el holos y el fractus; de ahí que el cerebro no solo sea cuántico y holográfico, sino también fractal. El sentimiento intuitivo de unidad constituye un estrato básico de la personalidad humana, y se encuentra en el pensar fundado en el holismo. Si nos atenemos a la idea de que las características del procesador holístico del hemisferio derecho -la sensación de unión con todo lo existente, la superación del dualismo, etcétera- se asemeja sorprendentemente a las descripciones suscitadas por un orden implicado, en donde se manifiesta el todo y son canceladas las contradicciones, entonces podemos inferir que el campo holográfico tiene que entrar necesariamente dentro de la unicidad de la función intuitiva de la mente, lo que parece presuponer una autosimilitud. De hecho, la intuición funciona como un holograma gracias a su capacidad de proyectar las representaciones mentales de lo percibido y establecer nuevas relaciones. El sistema de información del campo holográfico liga todos los elementos del cosmos hasta formar una unidad. Esta unificación del campo es aprehensible por intuición, a la cual está ligada por simpatía. Dicha simpatía está fundada sobre la adecuación, dependiendo del mayor o menor grado de coherencia. En este respecto, la intuición puede ser considerada como la capacidad de adecuarse a los niveles del orden implícito que componen la naturaleza y el espíritu de una cultura. Cuando las ideas intuidas ocupan un alto grado de adecuación se dice que son coherentes, es decir, se fundan en alguna unidad. Cuando el grado de adecuación es bajo, las ideas intuidas son incoherentes, esto es, permanecen aisladas. Las ideas coherentes son unidades de ideas con sentido que en principio se muestran separadas o sin relación.
       El orden implicado y la intuición son realidades holográficas que crean relaciones entre las contradicciones por medio de un lenguaje de extrapolación analógica vinculado con las emociones, debido a lo cual tiene un marcado carácter creativo. La analogía utiliza figuras retóricas o recursos literarios para hacer que un mensaje llegue de forma profunda y sugerente al receptor. Algunas figuras retóricas han sido muy usadas como recursos expresivos a lo largo de la historia, como la metáfora. A través de las metáforas se pueden suscitar numerosas conexiones y similitudes (que incluyen ciertas diferencias) mediante un salto imaginativo. Dado que se entrecruzan por diversas líneas semánticas, las expresiones retóricas poseen múltiples significaciones. Pero la analogía no solo puede expresar una relación metafórica, sino que también puede relacionar elementos reales de forma subjetiva. Ya que es la captación intuitiva de las relaciones dinámicas de la vida, el lenguaje analógico puede ser legítimo en la expresión filosófica. Esto es así porque la intuición relaciona las cosas más allá del concepto, garantizando la inferencia del lenguaje, lo que permite trascender la contraposición entre la parte y el todo, debido a lo cual establece un tipo de pensamiento no lineal que integra ámbitos aparentemente separados. Esta trascendencia es necesaria para el razonamiento deductivo, que puede ser transportado con facilidad para expresar cuestiones metafísicas.
       En el lenguaje analógico las imágenes y las palabras se combinan figuradamente para crear una trama de significación concebida en sus relaciones subjetivas, y durante el proceso de dicha creación mudan su naturaleza metafórica hacia el orden de los conceptos objetivos, es decir, se formalizan como intervención del principio ordenador de la inteligencia. En consecuencia, esa realidad manifiesta es concebida como inteligible, es decir, es susceptible de ser entendida racionalmente, y lo inteligible entra a formar parte del acervo del lenguaje racional, el lenguaje usado en las ciencias. Este tipo de lenguaje supone el uso de una serie de signos que se ordenan bajo reglas lógico-lingüísticas condicionadas por convenciones culturales, las cuales describen sistemas lineales de causa y efecto, razón por lo que sus expresiones se desarrollan a lo largo de una sola línea semántica. El lenguaje racional está determinado por nuestras categorías, que son términos básicos con los que designamos la realidad con objeto de identificar, diferenciar, clasificar y reducir la complejidad del mundo, pasando a constituirse como la facultad del pensamiento que otorga el conocimiento, el dominio y el control del mundo (mediante el desarrollo de la ciencia y la técnica). La distinción entre una cosa y su contraria, o entre una proposición verdadera o falsa, se halla en las propias categorías del lenguaje racional. Por ello son un instrumento necesario para desplegar el conocimiento explícito. No obstante, sus consecuencias pueden inhibir la visión unificada del operador holístico, porque pueblan el mundo de creencias duales entre el sujeto y el objeto, así como toda dualidad entre la cultura y la naturaleza, que en una realidad oculta no existen, pues uno forma parte del otro, limitando la percepción y concepción del mundo. El operador holístico es capaz de afrontar la acción unisignificativa y mecanizadora de las categorías racionalistas que el operador binario usa para referirse a cosas o a acontecimientos separados [...].
       La expresión del pensamiento basado en la unión de los contrarios puede ser entendida una vez cesa el pensamiento racional del hemisferio izquierdo, que la somete a la contradicción de la exclusión lógico-lingüística. Al renegar de las consideraciones globales, el pensamiento racional se vuelve fractal (ontológicamente fragmentado). De ahí que nuestros órganos perceptivos externos y el procesador binario solamente nos deje percibir la información confinada del orden explícito. Las ideas creativas surgen del orden implícito, donde permanecen los arquetipos y los valores universales compartidos, y aparece en los sueños, en los mitos, en las relaciones mágicas con el mundo, en los niños y en los llamados pueblos primitivos. En los estados alterados de las experiencias cumbres podemos acceder a su información (casi siempre inconscientemente) mediante los órganos sensoriales internos y el hemisferio derecho, que son capaces de vislumbrar las cualidades más profundas de la mente y de la realidad, hasta el punto de unificarlas. Todo lo implicado es independiente de lo explicado, porque este lo determina formalmente, otorgándole su valor y su significado. Pero todo lo explícado es desvelado gracias al descubrimiento que hace el hombre del orden implicado, tanto dentro del ser como fuera de él, como fondo del universo. Por esta razón, no se puede hablar de lo implicado sin lo explicado. Precisamente, cualquier operación compleja necesita el uso del hemisferio izquierdo del cerebro para pensar y manifestar por medio de lo explicado lo que estaba implícito en el derecho. Así por ejemplo, una idea generada en el hemisferio derecho solo puede cobrar significado cuando se evalúa racionalmente por el izquierdo [...]”
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