El proceso creativo

       “ [...] En rigor, la actividad creadora surge de la relación de dos operaciones básicas contradictorias: una mental y otra manual. La operación mental consiste en desarrollar las cuatro etapas del proceso creativo, que por lo general se resumen en dos: una primera etapa de generación de ideas, o creatividad primaria, y una segunda de estructuración, especialmemte en cuanto a la selección de las ideas y concreción, o creatividad secundaria. Estos dos tipos de creatividad son aplicables a la distinción entre la visión eidética, que supone una conexión de los fenómenos y objetos más allá de lo observable, propia del pensamiento infantil y los pueblos primitivos; y la visión práctica, donde tales fenómenos y objetos tienen significado sólo en una dimensión semántica (“saber qué”) o utilitaria (“saber cómo”). La visión eidética se refiere a la facultad de intuición como elemento del juego interactivo de la actividad perceptiva y reflexiva, fases constitutivas del conocimiento incipiente. Una actividad, la perceptiva, se encarga de recibir sensaciones con conciencia, según una observación dirigida conscientemente; y la otra, la reflexiva, es una operación mental interiorizada, mediante la cual se combinan las representaciones percibidas por los sentidos en base a la experiencia acumulada. Por otro lado, la visión práctica implica la capacidad de establecer relaciones entre los objetos previamente combinados mediante símbolos abstractos (palabras y números), para formar conceptos complejos y elaborar el conocimiento racional, ya sea en el orden de las inferencias deductivas o inductivas. La razón, equiparada con el pensamiento y la facultad inteligente, analiza los elementos por medio de los cuales conocemos la realidad, buscando las leyes que los rigen mediante generalizaciones. Se constituye a partir de dos ámbitos: uno subjetivo y otro objetivo, es decir, puede entenderse como actividad intuitiva, cuando se involucra emocionalmente con el objeto, y como capacidad racional, cuando se separa del objeto estudiado. Las personas creativas necesitan trabajar tanto con una visión como con otra para poder crear.
       La operación manual se fundamenta en la realización de la obra por medio de las habilidades operativas, que son acciones movidas por la voluntad, cuyo principio es el querer. Estos actos son un continuo que va desde lo expresivo hasta lo técnico. Las actuaciones expresivas exteriorizan las experiencias subjetivas de forma espontánea sobre una obra, y las actuaciones técnicas se rigen por unas reglas de carácter objetivo que posibilitan su correcta concreción. Las primeras están estrechamente relacionadas con la intuición como acto voluntario, cuya proyección se produce a través del lenguaje analógico. Expresiones de esta forma de creatividad son el lenguaje espontáneo, la expresión corporal, los dibujos de los niños pequeños, etc. Por otra parte, las actuaciones técnicas tienen sus raíces en la voluntad propiamente intelectiva de manifestar un producto, la cual pretende dar respuesta a unas necesidades útiles, ya sean materiales o psíquicas, para adaptar al hombre al medio circundante. Por eso se ven limitadas por condiciones de tiempo, habilidad técnica, metodología, etc. [...].

       Los objetos culturales conforman la facticidad misma del saber, que puede ser cognoscitivo o instrumental, según se manifieste en las ideas o en las acciones. La cultura instrumental (utensilios, productos tecnológicos, bienes inmuebles, obras de arte, etc.) es todo aquello que sirve para satisfacer unas necesidades materiales, lo que da lugar a la técnica práctica, al orden que pertenece al mundo explícito de la producción humana. En cuanto sirve para satisfacer algo, la cultura instrumental puede servir también para desarrollar ciertos valores espirituales, originando la técnica eidética, el orden que concierne al mundo implícito. Estos valores se captan a través de la intuición, y son fundamentalmente tres: éticos, estéticos y lógicos. En la cultura cognoscitiva (códigos morales, teorías científicas, creencias, ideologías, etc.) se incluyen los conocimientos teóricos. Las formas contrarias de aprehensión de la experiencia se manifiestan en dos modos fundamentales de conocimiento, resultante de la oposición entre el saber y el actuar: el conocimiento intuitivo y el conocimiento racional. El primero comprende los conocimientos del orden implicado, y el segundo los del orden explicado. Del conocimiento intuitivo se ocupa la vida espiritual, que ayuda a desentrañar la creatividad del hombre al trascender la experiencia y lo puramente lógico; en tanto que el conocimiento racional irrumpe en el dominio de las ciencias naturales, que hace presente lo que estaba latente al explicar el mundo mediante la práctica intelectual [...].

       Sobre la distinción del saber se fundan los dos modos de conocer existentes en la cultura, los cuales son también modos por los que se articula la realidad. Entre uno y otro modo de conocer hay una diferencia fundamental en el orden práctico (elección, volición, concreción, etc.), porque cada perspectiva tiene sus propias características y leyes (procedimientos, técnicas, etc.), con métodos de investigación distintos para cada nivel. Con sus propias premisas llegan a resultados muy variados, desembocando en una completa disociación de posiciones, en donde algunos autores defienden la oposición y otros la complementariedad en el problema de su relación. No obstante, aunque los modos de conocer poseen elementos que obedecen a reglas propias, hay nociones comunes que permiten integrarlos. La integración puede llevarse a cabo por parte de la voluntad, cuya manifestación consiste en la realización de los valores aprehendidos a través del orden teórico, ya que es una actividad evaluativa capaz de elegir entre posiciones que requieren un cierto determinismo o que parecen ajustarse a la libertad, ya se midan sus puntos de vista en términos absolutos o relativos, lo que amplía las posibilidades de intermediación, conduciendo a la reunión del carácter local y global del conocimiento. Por eso la voluntad es considerada como una facultad intermedia que produce el movimiento, y su momento o fase de acción está en el origen del cambio. En cierto modo la voluntad, insuflada por el acto intencional del individuo por seleccionar y rechazar valorativamente, es un puente entre extremos, sin la cual no habría integración”.

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