La superación de la crisis actual

       “El mundo biológico de la biosfera es diferente y antagónico al mundo cultural de la noosfera, porque la creación natural nos es dada por la tendencia espontánea por la cual se auto-organiza la naturaleza, mientras que la artificial solo es susceptible de ser organizada por la actividad científico-técnica propia del ser humano. Entre los extremos de esa dualidad a veces media la complementariedad (integración) y otras veces la oposición (disgregación). Ahora bien, la idea de que la coherencia biológica es a la coherencia cultural lo que la coherencia psicofisiológica a la coherencia hemisférica nos acerca a una comprensión unitaria de la biosfera y la noosfera. Antes que un antagonismo es preferible pensar que el ser humano es un puente que está a medio camino entre los genes y los memes, entre naturaleza y cultura, entre lo innato y lo adquirido. Esto quiere decir que el comportamiento de los seres humanos es producto de la retroalimentación de su dimensión genética y cultural, dado que la información de los genes favorece la aprehensión de la cultura, y, a su vez, la cultura influye en la velocidad de adecuación de los genes. Es por ello que la única forma de cambiar la incongruencia biosférica es adquiriendo una coherencia noosférica a través de la coherencia psicofisiológica y hemisférica en la educación, ya que la unión entre los modos de sentir y pensar está en la base de la unión entre lo natural y lo cultural. En el primer grado de coherencia nuestro ser se integra, y en el segundo nos integramos con el entorno. De la comprensión de esta doble reconciliación depende nuestro futuro más inmediato.
       La gran crisis actual de la biosfera (contaminación del medio con desechos tóxicos, destrucción de los bosques y el hábitat salvaje, crecimiento incontrolado de la población…) es una fase crítica propulsada por la visión de índole científica y tecnocrática con la que funcionan los paises, e incluso las empresas, del mundo occidental. La apoteosis de esta conciencia tecnocientífica tiende a ser destructiva, a menos que se haga un buen uso de ella, es decir, a menos que se mantenga en coherencia con la naturaleza. La incongruencia biosférica resultante ha hecho que el mundo se esté dirigiendo hacia el llamado “cuello de botella”. El cuello de botella presenta una trayectoria de desarrollo escindida. Esta escisión es el efecto de la actividad de la noosfera, que está muy lejos de ser coherente o, en todo caso, parece antisistémica, razón por la cual existen sentimientos y pensamientos basados en la fragmentación. La incoherencia representa la explotación irracional del planeta, reflejada en el dominio y control de la naturaleza en base a la visión fragmentada del mundo. Debido al advenimiento de la ciberesfera y a los sucesos críticos que acarrea el desarrollo de la tecnosfera en la vida contemporánea, se está provocando un cambio en la capa del pensamiento humano. Este cambio es una crisis de creencias e ideas que está manifestando la dimensión más amplia de su paradoja intelectual, porque desvela los patrones en los cuales se basa el diálogo entre la capacidad auto-organizadora de la naturaleza y la actividad científico-técnica propia del hombre. Como consecuencia, estamos atravesando una fase de bifurcación, cuyo resultado puede desembocar, o hacia la desarmonía del sistema planetario en un período de tiempo relativamente corto (colapso), o hacia una unidad superior, capaz de desplegar una estructura emergente con un nivel evolutivo más estable, no tanto en términos biológicos, sino sociales, económicos y culturales (progreso). Si no compensamos urgentemente los desequilibrios creados por esa paradoja, nuestro mundo colapsará. Por eso, debemos reconstituir la unidad perdida en el reconocimiento de una realidad subyacente que trascienda las contradicciones tecnocientíficas. Solo liberando los patrones mentales que permiten ver la totalidad, las actitudes y creencias incoherentes pueden reemplazarse por otras más coherentes con el mundo. Esa otra realidad estaría amparada bajo un modelo cooperativo de valores arquetípicos, donde las relaciones del hombre con su mundo adquieren un nuevo sentido”
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