Fractalidad dual y unitaria

       “Atendiendo a los criterios científicos de clasificación del mundo natural se pueden establecer básicamente dos tipos de fractalidad: la fractalidad unitaria y la fractalidad dual, las cuales se ponen en marcha al agregarle la fractalidad progresiva y cíclica. El mundo es un mecanismo fractal de separación o disgregación recursiva (fractalidad dual) y de unión o integración recursiva (fractalidad unitaria), retroalimentándose en una dinámica lineal (fractalidad progresiva) y circular (fractalidad cíclica). Este fractal de polaridades, que aúna y diversifica a un tiempo, se desarrolla en el orden espaciotemporal de tres niveles de la realidad: el orden implícito, el orden explícito, y una mezcla de ambos. Estas tres dimensiones forman una totalidad compleja en continua retroalimentación.
       La vida se caracteriza por ambos tipos de fractalidad: la fractalidad dual-progresiva y la fractalidad unitaria-cíclica. De hecho, los sistemas biológicos son una sinergia variable de estos dos tipos de fractalidad. La fractalidad unitaria se presenta en la vida desde la célula hasta la biosfera, pero frente a esta unidad fractal se encuentra la oposición, la división, que impone la continuada ruptura de la fractalidad dual para aumentar la capacidad de un objeto de ocupar un espacio en concreto. El fractal en su totalidad implica simultáneamente a ambos, lo que reclama una metodología que medie entre los campos del conocimiento y que vaya más allá.

       Los caracteres complementarios y contrarios de la relación onda/partícula constituyen una fuerte evidencia de la teoría del universo fractal, ya que la ley de dualidad de las entidades subatómicas se despliegan en las relaciones de unión y separación de todos los niveles de organización de la naturaleza. La corriente de energía articulada como onda (como campo) se reitera por todos las escalas de la fractalidad unitaria, o la articulada como partícula (como estructura), se reitera por todos las escalas de la fractalidad dual. En la fractalidad unitaria las ondas interaccionan unas con otras de manera no local a través del vacío cuántico, que actúa con coherencia para dinamizar la armonía de los distintos sistemas. En la fractalidad dual, las ondas se colapsan cuando interactúan con el entorno debido al fenómeno de decoherencia cuántica. La decoherencia de las interacciones no locales va aumentando hasta alcanzar un umbral relacionado con la gravedad cuántica, generalmente producido por la inestabilidad de la geometría espaciotemporal del entorno. En esa frontera el sistema debe elegir y colapsa, creando una partícula con valores discretos que ocupa un lugar concreto en el espacio y en el tiempo, es decir, produciendo fragmentos discontinuos en los distintos niveles de la realidad perceptible, por eso su comportamiento puede entenderse a través de las leyes de la física clásica.

       El modelo bipolar onda/partícula se va retroalimentando desde las dimensiones cuánticas hasta las clásicas. Las fronteras son los espacios que comunican una dimensión con otra. Muestran dos tendencias: una interna, que conserva la autonomía, y otra externa, que lo integra al entorno. Toda frontera es un límite ilimitado que comporta a un tiempo la apertura y el cierre de las dimensiones internas y/o externas. Si las fronteras permanecen abiertas los límites entre ambas dimensiones son superados, hasta el punto en el que los opuestos coinciden en la unidad, suprimiendo sus diferencias. Sin embargo, si las fronteras están cerradas existe una oposición. En el nivel de la fractalidad unitaria los niveles o sistemas interactúan con coherencia, porque todos se relacionan entre sí, y, necesariamente, es la apertura del sistema al entorno (no linealidad, sistemas abiertos, negantropía…). Esta coherencia se manifiesta como incoherente en el nivel de la fractalidad dual, que supone el cierre del sistema al entorno (linealidad, sistemas cerrados, entropía…). Los límites de cada nivel es un portal hacia el microinfinito (moléculas, átomos, partículas subatómicas, fotones…) y el macroinfinito (planetas, estrellas, sistemas solares, galaxias, cúmulos, supercúmulos…). Y el ámbito de los sistemas biológicos se situaría entre estos dos fractales infinitos (mesocosmos), que también están incorporados en las mentes y cuerpos del ser humano. Los sistemas biológicos son intermediarios en la comunicación entre los extremos de la microescala y la macroescala. Al ser un intermediario entre el microcosmos y el macrocosmos precisan zonas que funcionen como intermediarios de un nivel a otro. Cuando una frontera abre a un organismo hacia el entorno, los intermediarios se incluyen, produciéndose un intercambio continuo de energía e información que ayuda a unificar sinérgicamente la dualidad. Cuando permanece cerrada hacia el entorno, los intermediarios se excluyen como delimitaciones de una frontera, favoreciendo la escisión entre el sujeto y el objeto y, con ello, la diversidad”.

Fragmento extractado de los Principios de Estética Holofractal. Los contenidos de este blog están inscritos en el Registro General de la Propiedad Intelectual. No se permite la reproducción de los mismos sin el permiso previo del autor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *