Fractalidad cíclica

       “La fractalidad cíclica constituye una organización dinámica de retroalimentación, la cual relativiza la organización jerárquica al permitir las interacciones duales y evitar la prioridad de un principio sobre otro. Es un dinamismo recursivo que proporciona la unidad de tales organizaciones, ya que tiene la capacidad para integrar las oposiciones dentro de un nuevo orden. Al suponer la conciliación de dualidades, lleva en sí la innovación y la transformación, lo que permite un desarrollo evolutivo en espiral conformado por ciclos que participan de otros ciclos, constituyendo policiclos. Este conjunto fractal de ciclos está regido por diferentes periodicidades rítmicas que se ajustan a ciertas relaciones armónicas de proporción para otorgar coherencia global a los sistemas. Las diversas periodicidades de los ciclos del universo y del sistema solar (los giros galácticos y planetarios, el ciclo del sol, el ciclo de la luna, las estaciones, los días, los meses, los años y otros periodos) marcan el ritmo de organización de los seres vivos en relación con el tiempo fractal, ya que se ven obligados a sincronizar su tiempo interno con el tiempo externo de orden astronómico Este factor juega un papel vital en la recursividad temporal del ritmo interno, donde se incluyen los ritmos biológicos, como el ritmo respiratorio o cardiaco, y los psíquicos, como la alternancia de vigilia y sueño, que se conectan proporcionalmente con los ritmos naturales externos. Dicha adecuación se produce incluso en la propia conciencia humana y en la cultura.

       En la fractalidad cíclica todo está en movimiento rotativo, por lo tanto en ella es más importante el tiempo y la no linealidad. En la naturaleza, los ciclos se inscriben en los movimientos de rotación de la Tierra alrededor del Sol y traslación de nuestro planeta. En los movimiento cíclicos alrededor del Sol la Tierra produce dos fuerzas: la fuerza centrípeta (contracción, energía contraída o contractiva con cualidades céntricas) y centrífuga (expansión, energía expandida o expansiva con cualidades periféricas). De la periferia al centro por acción de la fuerza centrípeta, y del centro a la periferia por efecto de la fuerza centrífuga. La fuerza de Coriolis aparece como una componente suplementaria a la fuerza centrífuga. La fractalidad cíclica es un bucle recursivo de retroalimentación que nace de la unión de las fuerzas centrípetas y centrífugas, creando un flujo energético en forma de toroide. Esta polaridad se expresa en la dinámica de las dos fuerzas fundamentales del universo: la energía gravitatoria y electromagnética, que son de hecho dos aspectos complementarios que contraen y expanden el espacio y el tiempo hacia el infinito, tanto hacia dentro como hacia afuera. La contracción de las fuerzas centrípetas condensa las ondas luminosas para crear las partículas, y la expansión de las fuerzas centrífugas deshace la partícula en onda. En nuestro universo la densidad de materia está tan finamente ajustada que existe un equilibrio entre las fuerzas de expansión y contracción. Los ritmos fisiológicos o psicológicos son manifestaciones autosemejantes de este equilibrio.

       Alrededor de los planetas, las estrellas y las galaxias hay sistemas toroidales de energía polarizada como resultado de la manifestación del orden implicado. El toroide es la forma básica en la dinámica retroactiva de la contracción y la expansión de los campos de fuerza, porque sus energías fluyen desde la periferia hacia el centro del sistema, y viceversa, en un movimiento de ascenso y descenso. Todo sistema dinámico tiene su propio campo toroidal que opera dentro de un campo de mayores dimensiones que lo envuelve, armonizando los subsistemas anteriores. Son campos anidados que coexisten gracias a que están entrelazados a nivel cuántico por relaciones áureas, cuyas frecuencias permiten que se sincronicen por fenómenos de coherencia cuántica para actuar globalmente, de manera que una mínima variación puede afectar a los demás. Por ejemplo, el campo terrestre, la magnetosfera, es un campo toroidal que forma parte del campo solar, la heliosfera, que forma parte del campo toroidal de la Vía Láctea. Asimismo, el campo terrestre influye en la dinámica de la atmósfera, la hidrosfera y la geosfera, y la biosfera está influenciada por todas ellas. Las fronteras de la dinámica de estos campos separan los sistemas interiores de los exteriores, pero corresponden al lugar límite donde las fuerzas centrípetas y centrífugas se igualan. Allí tienen lugar las transferencias instantánea de energía e información lo largo de todas las escalas cósmicas, creando un proceso recursivo de retroalimentación equilibrado que obedece al ritmo natural del universo. Es esta igualdad entre dos movimientos, uno que se expande con otro que se contrae, lo que crea la condiciones para la vida. Precisamente, los sistemas complejos de la naturaleza se auto-organizan en función de fuerzas polarizadas de expansión y contracción, debido a que oscilan entre ambos, ya que son movimientos de un mismo bucle retroactivo. Su evolución e involución dependen de las fluctuaciones variables de expansión y contracción del universo en cada ciclo sucesivo”.

Fragmento extractado de los Principios de Estética Holofractal. Los contenidos de este blog están inscritos en el Registro General de la Propiedad Intelectual. No se permite la reproducción de los mismos sin el permiso previo del autor.