La analogía

        “Hay una equivalencia entre el tercero incluido y la analogía, porque toda analogía implica un vínculo, y ese vínculo es una proporción entre contrarios. La palabra “analogía” proviene de la palabra griega analoghía, que significa comparación o relación de semejanza entre razones o conceptos diferentes. En sus orígenes se fundamenta en el concepto matemático de “proporción”, que establece una relación de igualdad basada en la equivalencia de proporciones, expresada mediante la fórmula ‘A es a B como C es a D’. A esta proporción de igualdad se la denomina proporción discontinua o separada. Cuando el concepto de analogía pasa a ser una relación de semejanza entre dos razones, estamos ante una proporción continua, que se expresa por la fórmula ‘A es a B como B es a C’. La proporción continua más característica es la sección áurea. Tanto en una proporción como en otra existe un término medio entre los otros dos términos extremos. En la proporción discontinua hay dos términos medios, B y C, y en la proporción continua un solo término, B. Relacionar los dos términos extremos consiste en buscar el medio del término medio requerido para otorgar armonía y proporción al conjunto.
       Los términos de una relación pueden ser unívocos, equívocos y análogos. Los términos unívocos tienen el mismo sentido para todos sus significados, como hombre. Los términos equívocos tienen diferentes sentidos para todos sus significados, como gato, que puede significar el animal o la herramienta. Los términos análogos son intermediarios entre los extremos de la univocidad (cuando el término se predica con un sólo significado) y la equivocidad (cuando el término se predica con varios significados distintos), es decir, se predican con significados en parte iguales y en parte diferentes. Así, cuando hablamos de «luz natural» y «luz del conocimiento», se predica un elemento en común, la luz, pero este elemento hace referencia a dos clases de realidad diferentes: una producida por un agente externo, como el Sol, y otra por un agente interno, como la luz del conocimiento. La relación de semejanza se puede resumir en una fórmula que recuerda al concepto matemático de proporción: “luz” es al “ojo” lo que “conocimiento” es a la “mente”. No obstante, una proporción matemática establece relaciones de igualdad (A:B=C:D), mientras que en la analogía las relaciones son de semejanza (A:B=B:C). En consecuencia, la analogía es el camino que se abre formalmente al lenguaje recurrente de la naturaleza.

       A lo largo de la filosofía occidental se​ ha usado la analogía para justificar el conocimiento de la realidad que está más allá de la experiencia del mundo, la Metafísica. Los filósofos occidentales desarrollaron una concepción metafísica de la analogía, y en su desarrollo se distinguieron dos tipos principales: la analogía de atribución y la analogía de proporcionalidad. La analogía de atribución implica una jerarquía, en la que hay un analogado principal, que se acerca más al término atribuido, (por ejemplo, la belleza absoluta) y otros analogados secundarios, que están en relación de semejanza con el término principal (por ejemplo, la belleza relativa). Su principio de unidad se encuentra en un término atribuido al primer analogado de la jerarquía superior, del que participan metafísicamente todos los analogados secundarios de la jerarquía inferior en términos de subordinación a su causa eficiente. Por otra parte, la analogía de proporcionalidad asocia términos semejantes que tienen un significado en parte igual y en parte diferente. Su principio de unidad, basado en la semejanza de proporciones, busca una estructura coherente dentro de la diversidad, pero manteniendo una proporción que no le haga caer ni en el extremo de lo relativo ni de lo absoluto (por ejemplo, entre la belleza relativa y la belleza absoluta).

       La noción de analogía como proporcionalidad proviene de la filosofía griega. Para los antiguos griegos la operación básica de la inteligencia y de la selección creadora consistía en la percepción y reunión de las razones justas entre las cosas o las ideas. En su función de síntesis creadora la inteligencia tendía hacia una proporción analógica, en sucesiones en donde los términos menor y mayor de un silogismo establecían una relación de proporcionalidad con un término medio que permitiera inferir la razón entre los dos extremos. La analogía de la escuela pitagórica y de Platón no era otra cosa que el despliegue de esa proporción lógica. Los pitagóricos hicieron uso de ella en relación a la música, como búsqueda de una armonía matemática universal que concebían como la unificación de los contrarios en los numerosos niveles de realidad (lo ilimitado y lo limitado, lo par y lo impar, lo múltiple y lo uno…). Influido por la doctrina pitagórica, Platón entendía que los principios matemáticos del mundo inteligible servían de fundamento arquetípico a las realidades materiales del mundo sensible, de modo que un mundo se presentaba como reflejo de otro, lo que permitió introducir una analogía de atribución, o jerárquica. Posteriormente Aristóteles recoge la idea de analogía o proporcionalidad de los pitagóricos y añade además la analogía de atribución de Platón. Ambos conceptos de analogía fueron desarrollados en Occidente bajo la filosofía de Santo Tomás de Aquino.

       A partir de los nominalistas la analogía sufrió una crisis radical, dado que sus diferencias intrínsecas, o equivocidad, abocaban hacia la contradicción. Debido a los problemas de ambigüedad que planteaba la equivocidad, la forma de pensar de la ciencia moderna tendió hacia la univocidad en el ámbito de la lógica y la filosofía mediante un proceso de formalización matemática del lenguaje. Desde entonces ha ido surgiendo en la ciencia una forma de pensar cada vez más unívoca y matemática que se ha ido apartando del pensamiento basado en la analogía, que está en relación con la Metafísica. Este desarrollo tuvo una influencia en el pensamiento filosófico de Descartes, y, más tarde, en Kant y en el éxito del método de Galileo y la ciencia newtoniana, lo que finalmente conduciría a la negación de la posibilidad misma de la Metafísica como ciencia. En el curso de la ciencia moderna, y gracias al creciente dominio de la ciencia y la tecnología, el pensamiento analógico se ha relegado cada vez más al ámbito poético y artístico, sobre todo a raíz de la ciencia neopositivista, una tendencia fundamentada en el análisis racional y en la experiencia extrema. Para el neopositivismo la realidad sólo puede ser de una u otra manera, verdadera o falsa, y puesto que las proposiciones metafísicas carecen de significado causal son consideras pseudoproposiciones. No obstante, la crítica contemporánea al neopositivismo ha comprobado que el empirismo extremo es incoherente, por lo que este sistema de pensamiento genera rasgos de escisión psíquica. En esa escisión los opuestos son necesariamente irreconciliables.

       En las últimas décadas, hay una tendencia en las ciencias por descubrir un nuevo concepto de analogía, ya que la univocidad de la ciencia moderna supone una absolutización teórica que tiene sus límites a la hora de enfrentarse al estudio de los sistemas complejos, que se organizan de acuerdo a niveles jerárquicos donde existe tanto univocidad como equivocidad. Estos niveles jerárquicos presentan propiedades cualitativamente diferentes, incluso contrarias entre sí, pero dichos niveles se relacionan análoga o complementariamente para emerger hacia un sistema único, caracterizado por formar una totalidad semejante a las totalidades de los niveles precedentes, aunque sin reducirse a la suma cuantitativa de sus partes. Debido a que difieren no sólo cuantitativa sino también cualitativamente, entre ellos existen diferencias, pero, al mismo tiempo, tienen algo en común. En este caso, hacen referencia a la analogía de los fractales, tanto de atribución como de proporcionalidad. En un fractal cada nivel no se puede separar del conjunto, sino que subsiste como parte del conjunto primario. Por esta razón, el conjunto se puede comparar con la analogía de atribución. Este tipo de analogía es propio de la estructuración jerárquica del tipo fractal, entendida como la expresión de una gradación sistémica dirigida hacia un mayor grado de complejidad y complitud, en donde el todo es el primer analogado y las partes los analogados secundarios. Asimismo, en un fractal se establecen correspondencias en las relaciones entre las partes y el todo, y entre las partes entre sí, como en la analogía de proporcionalidad. La analogía de proporcionalidad, al ser la relación de igualdad entre cosas diferentes, en paridad de rango, y ocupar un lugar intermedio entre los términos unívocos y equívocos, equivale a una proporción de las características de igualdad y diferencia de las cosas, entre lo uno y lo múltiple. Dicha proporción da como resultado un tercer estado intermedio que sintetiza los dos extremos. Y al ocupar un estado intermedio permite movernos de una realidad a otra para establecer nuevas relaciones entre las cosas y las ideas, un aspecto fundamental a la hora de enfrentarse a los problemas de la auto-organización de los sistemas complejos. La forma de transito de una dimensión a otra se fundamenta a través del ritmo dialéctico y recursivo de los mediadores, gracias a los cuales se establecen relaciones de significado entre ámbitos opuestos, lo que da sentido a la explicación de la unidad en la diversidad. En este respecto, la analogía de proporcionalidad es propia de la interconexión acausal que parece existir entre los opuestos, y es vista como acepción de la vaguedad y borrosidad de la realidad, como un proceso dialéctico y dialógico que implica transdisciplinariedad. Por esa razón se ha vuelto a revalorizar el razonamiento analógico en las investigaciones relativas a la ciencia de la complejidad.

       La analogía incluye la afectividad y la creatividad, que por su naturaleza ambigua tienen un espectro complejo. En el pensamiento creativo ocupa un papel central, porque, al colocarse en el límite fronterizo entre la univocidad y la equivocidad, permite ver las semejanzas y diferencias entre los conceptos o cosas, y al colocarse en varios límites engendra saltos imaginativos plenos de libertad de donde emergen nuevas relaciones entre ideas aparentemente desconectadas. Ello ayuda a estimular la generación de ideas creativas y a establecer conexiones distantes entre los niveles organizativos de las cosas de forma novedosa, dando lugar a grandes síntesis unificadoras que otorgan un nuevo sentido al mundo. El lenguaje basado en la analogía es el medio de acercamiento a esa experiencia interna, intuitiva o imaginativa. No nos llega del exterior a través de los sentidos externos sino por la vía de las dinámicas del inconsciente. Al traspasar los dominios de la experiencia, crea nuevos significados que atentan contra la racionalidad dominante y contra las fronteras de su paradigma. Esas fronteras también son las fronteras de nuestra mente, que colapsa cuando se enfrenta a la contradicción, a la ambigüedad. De hecho, la analogía entre los hemisferios cerebrales y los órdenes de la realidad resalta la analogía existente entre las dimensiones epistemológicas y ontológicas.

       La mente humana no siempre procede por inferencia deductiva o inductiva. Muchas invenciones y creaciones son resultado del pensamiento analógico. Dentro del ámbito científico, la analogía no es un elemento principal dentro del sistema teórico, sino que desempeña un papel secundario en la construcción (heurística) e interpretación (hermenéutica) de la ciencia. Se trata de una analogía de proporcionalidad, es decir, con semejanzas entre relaciones, que pueden ser entendidas materialmente, es decir, cuando se ocupan de la estructura de un sistema físico, o formalmente, relativas a leyes capaces de describir el comportamiento de un sistema físico determinado. Se estima que la capacidad para establecer analogías es una función del pensamiento abductivo, en contraste con el pensamiento inductivo y deductivo de la lógica formal. De hecho, la abducción está relacionada con el razonamiento por analogía, hasta tal punto que le sirve de base. El pensamiento abductivo entra dentro de la creación y la invención, ya que reduce las cosas a la unidad. Es decir, tiene lugar un acto sintético que se da de forma casi instintiva, aunque es de naturaleza inferencial y compleja, ya que contiene dentro de sí un proceso abstractivo que va de lo sensorial a lo intelectual, de lo particular a lo universal, de la multiplicidad a la unidad. El concepto de “entrelazamiento cuántico” sería la encarnación científica de este razonamiento por analogía, así como el concepto moderno de “autosemejanza”, estrechamente relacionado con el número áureo y los fractales, un tipo de orden propio del principio estético de simetría, proporción y belleza del tercero incluido. Ello es así porque existen varias características que llevan a equiparar el razonamiento por analogía con el entrelazamiento cuántico, la autosemejanza y el número áureo. Entre ellas estaría: la capacidad de crear un puente extendido entre dos dimensiones, la unidad como proporción armónica, la síntesis de los opuestos, la recursividad, la irracionalidad, la infinitud. Por este motivo, el pensamiento abductivo es considerado como la fuente del arte y del genio”.

Fragmento extractado de los Principios de Estética Holofractal. Los contenidos de este blog están inscritos en el Registro General de la Propiedad Intelectual. No se permite la reproducción de los mismos sin el permiso previo del autor.

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