La conciencia universal

       “En el orden implicado las cosas están interconectadas mediante el entrelazamiento cuántico, lo que conforma redes analógicas a lo largo de todos los niveles de la realidad. Las redes analógicas del universo cuentan con el entrelazamiento para la transmisión instantánea de la información de un sistema a otro. Así, por ejemplo, las galaxias no están separadas entre sí, sino que son fractales entrelazados por una estructura holográfica en forma de redes cuánticas. Estas redes son semejantes a las redes neuronales del cerebro, que transmiten la conciencia mediante conexiones de partículas entrelazadas. El fenómeno de la conciencia sería el resultado de la actividad cuántica de esas redes neuronales. De hecho, las fluctuaciones de los campos cuánticos y las partículas virtuales que impregnan el espacio vacío del universo poseen una serie de propiedades que podrían estar estrechamente vinculadas con las propiedades de la conciencia, ya que existe un relación entre ambos. Planck, padre de la moderna teoría cuántica, hacía incidir sobre esta idea al afirmar que todo lo que existía en el universo era energía y, detrás de ella, había una mente consciente e inteligente que unificaba todas las fuerzas de la naturaleza. Introdujo la revolucionaria noción de “totalidad cuántica” para referirse a un mundo que no se puede dividir en partes separadas. Por lo pronto cabe decir que la “totalidad cuántica” es un término que se deriva del concepto de la física conocido como coherencia cuántica o superposición, que está en relación con el fenómeno no local de entrelazamiento, que parece ser el fenómeno responsable no solo del nacimiento del universo, sino también de los mecanismos básicos de la consciencia no lineal (estados alterados de conciencia). Tan pronto como la conciencia observa o mide, la coherencia cuántica se rompe y la conciencia asume una configuración lineal (estados ordinarios de conciencia). La cosmología depende de la libre elección hacia un tipo u otro de conciencia. Cuando es no lineal, la cosmología que emerge es organicista y el universo se concibe como un organismo vivo. Cuando es lineal, la cosmología resultante es mecanicista y el universo se percibe como un gran mecanismo de relojería. Desde el punto de vista analógico, los dos aspectos de la conciencia reflejan la relación con los dos niveles de la realidad, tanto a nivel microcósmico (onda-partícula) como macrocósmico (energía-materia). Por esta razón, la conciencia como un todo manifiesta las características de ambos niveles.
       El entrelazamiento cuántico implica una coherencia que conecta las cosas divididas. Coherencia implica un equilibrio armónico y proporcional entre los sistemas de organización regidos por los mecanismos cuánticos y clásicos. Todo el universo en su estado de coherencia está unificado gracias al entrelazamiento, hasta que su función de onda se colapsa por el fenómeno de decoherencia cuántica, dando lugar a un estado fragmentario sujeto a la geometría del tiempo-espacio. El universo está en superposición de estados hasta que el simple acto de observar y medir entra en escena. Tan pronto como un observador observa y toma medidas, la función de onda colapsa y asume una ubicación y un momento bien definidos. Este hecho muestra que la conciencia incide sobre la dinámica de la física cuántica, de manera que existe una correspondencia o analogía entre la conciencia y la llamada realidad física. El experimento de doble rendija es uno de los experimentos más populares utilizados para respaldar esta idea. Razón esta que lleva a pensar que la conciencia misma es un fenómeno cuántico y como tal forma parte del tejido espaciotemporal del universo, algo que parece ir en contra del pensamiento reduccionista. Son, de alguna forma, tres aspectos de una misma realidad ontológica denominada conciencia-espacio-tiempo, los cuales pueden presentarse como entidades interconectadas o separadas entre sí.

       Si la conciencia está vinculada con el campo cuántico/holográfico, entonces puede inferirse que la naturaleza, y el universo entero, podría comportarse como un ser vivo con una conciencia que guía la evolución hacia un propósito global o teleológico. En filosofía, la hipótesis de que el mundo es semejante a un ser vivo, con una conciencia o Alma universal incluida, de donde salieron, por emanación, todas las almas individuales, se remonta a la metafísica de Platón y Plotino. Esta idea fue retomada por los pensadores renacentistas, como Giordano Bruno, y reapareció en el mundo con alma de Shafterbury, en la metafísica de Leibniz, con su concepción orgánica de la belleza, en Kircher, Herder y Goethe. Con el tiempo, estos planteamientos organicistas fueron sustituidos por la imagen mecanicista del universo, que concebía el universo como un enorme reloj.
      Hoy en día, las analogías del pasado han sido reemplazadas por la consideración del universo como un gran sistema que parece procesar la información de un modo parecido a como lo hace un ordenador. La información es el componente esencial de la conciencia. Esa información se almacena en forma “bits” clásicos y cuánticos. Y la información que esta procesa es parte integral del universo. Como existe una conexión entre la conciencia y la estructura física del universo a niveles subatómicos, la conciencia juega un papel importante a la hora de entender los aspectos cuánticos y clásicos del cosmos. Toda la información que maneja un ordenador clásico está codificada en una unidad que se llama “bit” clásico. Los bits clásicos pueden tener un valor bien definido: el uno o el cero, encendido o apagado, que en el lenguaje físico corresponden a las partículas localizadas o a las ondas del vacío. Esta información en el código de bits se llama “lenguaje binario” de la computación. El código de bits es el software, es decir, los programas que usa el ordenador para que su estructura física, el hardware, funcione y produzca resultados. El equivalente del bit clásico en una computadora cuántica es el cúbit (bit cuántico). Los cúbits no tienen un valor bien definido, pues permanecen en un estado de superposición que aún no se ha fragmentado, pudiendo ser 1 y 0 simultáneamente. Para ello los cúbits necesitan ser sincronizados mediante el entrelazamiento cuántico. Gracias al entrelazamiento, la información en forma de un cúbits puede ser transportada instantáneamente de un lugar a otro. Igual que las computadoras pueden utilizar un sistema bit o cúbit, parece ser que las leyes del universo emplean un sistema análogo, ya que los bits clásicos son colapsos o fragmentaciones del estado cuántico de los cúbits. Esto es, a medida que el universo se fue expandiendo la información cuántica se fue desplegando en bits de información clásica, configurando las bifurcaciones características de la evolución. Esta hipótesis se corresponde con los estudios de Seth Lloyd, profesor de ingeniería Mecánica en el MTI, en relación al fenómeno cuántico de entrelazamiento. De acuerdo con Lloyd, el entrelazamiento es el responsable de la generación de información en el universo. Los cúbits podrían representar valores locales de la densidad de energía en el universo primitivo. Las superposiciones coherentes propagaron esa información y originaron los procesos de transformación cuántico-clásica de algunos cúbits en bits. En este proceso de reducción clásica la gravedad se acopló a las fluctuaciones de energía de los cúbits y operó como un amplificador macroscópico que causó la gravedad clásica, liberó grandes cantidades de energía gravitatoria, rompió el equilibrio cuántico y originó la compleja estructura fractal del universo a gran escala.

       De acuerdo con la neurología clásica, la información que procesan las neuronas del cerebro está codificada en el lenguaje binario de los bits clásicos, pero la neurología cuántica opina que esa información se puede entender también en términos de cúbits. La conciencia lineal trabaja con bits clásicos merced a su lenguaje binario. Ello lleva al proceso analítico y lógico del pensamiento racional, que, al crear fragmentaciones categóricas, selecciona, delimita y define un solo valor entre dos valores posibles, verdadero o falso (0 o 1), negando al mismo tiempo una infinita cantidad de posibilidades intermedias para conectar las ideas y establecer nuevas relaciones. Debido a este proceso de reducción a uno de los dos estados posibles se produce la decoherencia cuántica, o sea, el colapso de la naturaleza ondulatoria de las partículas, dando lugar a la realidad cuantizada del universo observable. Como consecuencia surgen pequeños fragmentos discontinuos del tiempo y del espacio, por los cuales tenemos la impresión de que las cosas están separadas, lo que conlleva una concepción parcial en la manera de concebir la realidad. Sin embargo, la conciencia no lineal trabaja con bits cuánticos de información, cada uno de los cuales es a la vez cero y uno (0 y 1). Este hecho se da gracias al proceso sintético y analógico del pensamiento intuitivo, que implica fenómenos de entrelazamiento cuántico, como consecuencia de los cuales el espacio y el tiempo, y el universo mismo, se conciben como una entidad indivisible. Tras esta idea de entrelazamiento se encuentra el concepto de campo holográfico, que se revela en la conciencia bajo la existencia de un insight creativo en la manera de solucionar un problema. A través de la conciencia no lineal la realidad espaciotemporal se muestra unificada, debido más que nada a que existe un orden implicado que se manifiesta en la conciencia como una visión sintética, no obstaculizada por nuestra condición perceptual y racional de fragmentar el universo. Esta visión sintética es resultado de la unidad de los opuestos producida por la conexión hemisférica del cerebro, es decir, es resultado de la unión del hemisferio izquierdo, que se basa en la información recibida por nuestros sentidos externos, y del hemisferio derecho, implementado por la receptividad cuántica de los sentidos internos. Precisamente, la alta conexión entre los hemisferios cerebrales es la posible causa de la percepción intuitiva de armonía que le permitió a Einstein resolver la unificación del espacio-tiempo”.

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